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EL ARCA DE LA MEMORIA
Petroni Gutiérrez Rivera
Apolinario Mayta Inga, como un patriarca bíblico, surge de Acolla (Jauja) para guarecer del olvido final a los escritores citadinos en su arca de la memoria denominada LITERATURA DE JUNÍN SIGLO XX. Un asombroso libro de 460 páginas, construido para salvar del olvido a la literatura de la zona central; literatura que seguramente se cuenta entre las de mayor vitalidad y significación del Perú y, paradójicamente, entre las menos difundidas, o entre las más excluidas, por la crítica oficial y oficiosa que coopta la cultura peruana desde la hórrida ciudad.
Todas las provincias, ciertamente, han sido espacio raigal de una literatura incisiva y de hondo aliento, con ejemplos que surgen de la pluma de César Abraham Vallejo Mendoza −Integrante del grupo “El Norte”, conformado por Antenor Orrego, José Eulogio Garrido, Víctor Raúl Haya de la Torre, entre otros−; también el Sur con Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso, Alberto Hidalgo Lobato, Jorge Bacacorzo, Carmen Luz Bejarano, entre otros. Hoy, que duda cabe, es el tiempo de los Andes, más propiamente de los Andes Centrales. Desde esta tesis validada por la realidad, LITERATURA DE JUNÍN SIGLO XX es la barca desde donde se anuncia el advenimiento de la literatura de nuevo tipo. Entonces, para leer esta antología hay que desembarazarnos del espíritu centralista decadente. Hay que premunirnos de una fuerte dosis de asombro, ternura y libertad. Sino es mejor, para todos, quedarnos en el muelle y despedirnos de este periplo por las venas de lo ignorado; donde el arribo anunciado en la cepa de la literatura real maravillosa asháninka paga con creces esta aventura.
La presencia de los inmortales: José Gabriel Gálvez Barrenechea de Tarma; Juan Parra del Riego, Algemiro Donato Pérez Contreras, Tulio Diego Mora Gago de Huancayo; Jesús Ernesto Bonilla del Valle, Clodoaldo Alberto Espinosa Bravo, Jorge Edgardo Rivera Martínez, Moisés Ortega Rojas, Víctor Raúl Ladera Prieto, Gerardo Germán García Rosales, Catalina Bustamante Méjico de Jauja; Araceli Flavia Má Cárdenas de la Oroya; entre otros espíritus seleccionados por Apolinario Fermín Mayta Inga, para acompañarlo en su travesía por ultramares y, dentro del mismo plano de oscura irradiación, el estimado enemigo digno de la popa un barco pirata Sergio Miguel Castillo Falconí y sus compinches, hablan de un panorama tan vasto y singular como encendido, también en polémicas político-culturales e ideológico-lingüísticas como los apartados oportunos de la literatura Asháninka y el colofón con los poetas y escritores que emergen en este viaje a las estrellas que se han venido sucediendo.
El hecho de haber surcado esta barca por el centro del Perú durante el lapso de la guerra fratricida y el correlato de la dictadura feroz como la instaurada por fujimontecinismo, y el ejemplo tajante de los estudiantes de la UNC secuestrados y asesinados, develan en gran parte el origen de los fundamentos de una literatura varia, de raigambre estremecida y, a la vez, substanciosa en su disposición firme hacia una cultura de liberación y superación.
Así, en la barca de la LITERATURA DE JUNÍN SIGLO XX han confluido, de modo decisivo, los rasgos desgarrados de identidad, y la búsqueda de identidad, en las diversidades profundas de varios autores de otras geografías, unidos, asimismo, por una vivencia y asombro común, afirmación y desarraigo, bajo el rigor de una misma lengua. En el estribor está pintado con sangre "Mientras Tarma Reza, Jauja danza, Huancayo avanza", copla popular que recoge el antólogo para provocar la reacción de los paisanos de Maruja Martínez y el viaje no sea aburrido como el de otras chalupazas.
Por cierto, mención aparte merece la aparición de los autores acollinos, paisanos de Apolinario Mayta Inga (Acolla creó el primero colegio comunal del Perú y América), quien en esta línea comunera, haciendo puerto al navegar su barca; enarbola las instancias e hitos de un ámbito articulado a su manera en huapidos y en vigilia permanente.
El destino que nos señala Apolinario Mayta Inga desde la proa de su LITERATURA DE JUNÍN SIGLO XX; aleja de nosotros todo abismo o remolino lacerado; primero en Huancayo, luego en Lima y en Tarma, ahora en Jauja (la Atenas del Perú) coge la bandera del mulato Abraham Valdelomar y a ritmos viscerales de herencia pachahuarera y mixturado en una fiesta tunantera de la palabra; pentagramas y destellos de antiguos huaynos; y un tacanacuy sangriento, obsesivamente presente, enrumban la barca tensa de una literatura esencialmente reveladora, aún por escuchar, aún por descubrir, a la sombra de este tiempo de profunda crisis filosófico-moral en la hórrida ciudad.
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